Las manillas del reloj marcan las una con cincuenta y dos minutos de la madruga. Escribo con una pasión que nadie controla, ni tus manos fuertes serán capaces de impedirlo. Miro fijamente lo que el movimiento de mi mano produce en un papel que talves después será olvidado por mi conciencia, pero no por mi corazón. Pienso, en lo bello que sería ver mis escritos en tu escritorio, leyéndolos, poniéndoles un poco de atención, pero en vez de eso me miran con reproche. Ya son las dos con ocho minutos, y sí, me demoro, porque mientras un lápiz escribe mi arte, lo voy sintiendo con toda mi esencia que puedo transmitir atraves de lo que ya mencioné. A pesar de estar cansada, sigo con mi sueño que se hace realidad cada minuto en el cual escribo lo que siento, lo que pienso, lo que escucho, lo que imagino, lo que me gustaría que pasara, lo que me duele, lo que realmente soy yo, sin esconder nada. Las letras ya son mi vida, las palabras con mi sombra, como también lo son las frases que con ellas formo. Mis dedos, mis manos son libres al tomar un utensilio que todos ocupan sin un fin, que lo tienen pero no es por gusto, sino que por obligación, por un deber que necesitan cumplir. Mis oraciones son lo que son, lo que yo quiero, lo que es mío, lo que me pertenece y lo que aveces comparto con personas que están unidos a la misma pasión que yo, escribir.
Termino con decir que esto me supera, mis ganas de escribir todo lo que pasa por mi mente es inevitable. Y ya son las dos con veinticuatro minutos de la madrugada.
Me estan encantando todos tus escritos... de todo los escritos y poesías que he leido en mi corta vida, no hay nada más hermozo que todo esto, estas palabras puestas ante mis ojos, me da un aire de escribir, de expresar... pero nunca serví para eso, los guardo en el fondo de mi corazón...
ResponderEliminary ya son las una con treintaiun minutos de la madrugada
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